
Huele a plumas ardiendo. Voces divinas rompiendo.
El ángel ahora esta perdido. Muere en el olvido.
La desolación de su partida escuda al mundo en sombras.
Lo guarda de la luz. Aquel que era el único quien desafiaba
la fortaleza de la apatía, la indiferencia y el horror ha sido tirado del cielo.
Se esfuma la fuerza, adiós la esperanza, se pierde la fé y marchita el amor. Todo perecerá. No hay más héroes, ni santos.
Es ahora el momento del pueblo. El guía ha muerto; nace el miedo y la perdición. Los hombres comunes han de continuar la batalla. Temerosos y dubitativos serán ellos quienes reinstauren la luz. Hermandad y unión.
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